El surgimiento de la iglesia protestante como rama díscola del cristianismo fue vista como una amenaza al poder de Roma y todas sus sucursales.
Nacida en 1521 por culpa del protestón de Luthero, en solo 50 años se había esparcido como la peste por Europa, lo de 'peste' va solo en referencia a lo veloz e imparable. La creciente población protestante en la Francia de mediados del siglo XVI, había logrado llegar a puestos claves de la administración pública.
Para no perder protagonismo en las decisiones, la iglesia católica presionó para que se dictaran los Edictos de Amboise, que prohibían el culto protestante en territorio francés. Olvidándose que le rezaban al mismo Dios, los católicos pasados de fanatismo los acusaban de cultores del diablo y peyorativamente los llamaban 'hugonotes'.
La reacción de los protestantes fue livianita, secuestraron al rey Carlos IX y sitiaron parís. Esto provocó la tercera de las guerras de la religión. En 1570 se firma la paz y la corona aceptó la readmisión de los protestantes en la administración pública, así como la libertad de culto en privado.
Para sellar este pacto, nada mejor que un casamiento, Catalina de Médici concertó el matrimonio de su hija Margarita con el príncipe protestante Enrique de Navarra y a organizar la mesa dulce. El clero parisino, la burguesía católica francesa y el papa Pio V se cabrearon y no asistieron.
El 18 de agosto de 1572, con la cresta en alto, los protestantes invitados a la boda se paseaban exultantes por las calles de París. Los católicos no se la bancaron y durante varios días salieron a aporrear protestantes mientras las autoridades parisinas se miraban el ombligo.
Ante la pasividad oficial, la cosa se desmadró cuando una horda de católicos llenó de moretones al líder protestante Gaspar de Coligny, los hugonotes salieron a copar las calles. La noche del 23 de agosto, el Rey Carlos IX se reunió con las autoridades Parisinas, creyendo que una revolución protestante tomaría la ciudad, decidieron un ataque preventivo y disuasorio hacia los cabecillas.
En la madrugada del 24 de agosto, una enfervorizada mancomunión entre militares y burgueses católicos armados hasta las verijas, salieron a cazar protestantes. En tres días, la bataola ya se había extendido a toda Francia, el saldo fe de más de 10 mil muertos.
Este hecho es recordado como la Masacre de San bartolomé, por ser ese, el día de su onomástico. Esto desencadenó la cuarta guerra religiosa que se prolongó por 26 años hasta que en 1598 se promulga el Edicto de Nantes que restituyó la libertad de culto en toda Francia, aunque en Paris se tardó un poco más por ese afán de no olvidar.

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