Vivimos en una época de redes sociales gobernadas por imágenes, teléfonos con memorias abarrotadas de fotografías de familiares, amigos, mascotas y paisajes.
Pero nunca nos detenemos a averiguar a quién le tenemos que agradecer por la fotografía, una hermosa herramienta de comunicación y amiga de la memoria. El joven francés Louis Daguerre tuvo la dicha de crecer sin privaciones, más bien en la opulencia.
Sin necesidades que lo apremien, pudo dedicarse a lo que le dio la gana, a no confundirse, Dagerre no era un vago dedicado al 'oisiveté qui s'avère agréable' (dolce far niente), trabajaba de sol a sombra, pero de lo que le gustaba.
Con formación en arte, dibujo, arquitectura y diseño de escenografía teatral, se convirtió en un maestro de los dioramas. Este modelo o maqueta tridimensional era utilizada para recrear escenas de batallas, hechos históricos o paisajes lejanos para museos o edificios públicos.
Para inmortalizar sus trabajos se acercó a Joseph Nicéphore Niépce, quien trabajaba en experimentos con cámara oscura, los primeros pasos de la fotografía. Pese a lo rudimentario del trabajo de Niépce y los escasos resultados, Daguerre vio el potencial del invento y se asoció de inmediato para investigar juntos.
En 1833 cuando los ensayos daban los primeros resultados Niépce falleció y Daguerre debió continuar solo la investigación. Sus ensayos con Mercurio dieron resultado en 1835 logrando fijar una imagen en placas metálicas enlozadas, nacía el 'daguerrotipo'.
El primer experimento fue en 1838, en el Boulevard du Temple de París, pero el extenso período de exposición necesario hizo que los objetos en movimiento como carruajes y personas desaparecieran de la imagen pareciendo una calle desierta.
En 1839 probó con un objeto tan enigmático como fijo, la luna, el resultado fue la primera fotografía sin posibilidad de ser reproducida ya que el daguerrotipo no permite copias por ser una imagen positiva única. Apurado para que no le madruguen el invento, solo 5 días después la presentó ante la academia de ciencias de París que maravillada le otorgó un premio y un préstamo para popularizar su invento.
Daguerre comercializó más de 50 mil cámaras con manuales explicativos y algunas placas de muestra, en solo un año ya había más de medio millón de Daguerrotipos solo en París. Daguerre murió en 1851 dejando un invalorable legado para las próximas generaciones, el de inmortalizar nuestra imagen.

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